Archivo para marzo, 2016

Ocaso de primavera

Posted in Sin categoría on 31 marzo, 2016 by mjblg

 

Poesía del Libro de Iván

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Ocaso de Primavera

Ocaso de primavera

luz nocturna

sombras chinescas de almas reencontradas

danzando en el mar.

Río de luna

turbadora sensación de felicidad y confianza

vapor botánico que presencia pero no provoca

¡AMISTAD!

Iván

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Gorrioncillo

Posted in Sin categoría on 14 marzo, 2016 by mjblg

 

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EL  GORRION.

Amaneció cansado.
Más encorvado
aún, el pico fuerte.
Sufría en el camino
su diminuta sombra cenicienta.
Cavó él mismo un sencillo
hoyo para su cuerpo, y se dejó caer,
sin fuerzas, dentro …

Entonces, las piadosas
manos del viento
cogieron unos cuantos
pañuelos verdes
de los eucaliptus
y cubrieron
el arpa, ya sin notas,
de su cuerpo …
Julio J. Casal.

El jilguero

Sopla, sopla el viento norte,

 esta noche va a nevar.

¿Qué va a hacer el jilguero?

El jilguerito, ¿qué hará?

Se sentará en el granero

y allí se calentará.

En el manto de las alas

su cabeza esconderá.

¡Pobrecito jilguerito!

¡Vuela, que te vas a helar!

Gabriela Mistral

 

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Poema del libro de Iván

Posted in Sin categoría on 13 marzo, 2016 by mjblg

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La escritora, poetisa y gran amiga, Rosana Acquaroni, nos dedicó este bello poema : a mi hijo Iván   y a nosotros, sus padres, en la fecha más triste de nuestra vida.Iván nos dejó pero sigue viviendo en nuestros corazones y en nuestro recuerdo diario.

¡Gracias Rosanna!

Hay  muertes que son una ceniza estéril

aparcadas en la lluvia,

un calor infinito que habla desde dentro.

Hay muertes que navegan

y nos dejan sin rumbo una herida confusa,

un aire en sombra que cercena tu cuerpo y lo convierte

en arena de nadie.

Y sin embargo,

con la herida profunda hay que seguir creciendo.

Hay que seguir creciendo

dentro de lo pupitres,

con palabras y tizas transparentes,

con la mirada puesta en los columpios

que atesoran los niños en el alma,

creyendo todavía

que hay un mundosin heridas incurables.

Rosana Acquaroni

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Oda a la pobreza

Posted in Sin categoría on 8 marzo, 2016 by mjblg

índice 1

oda a la pobreza
Pablo Neruda
 
Cuando nací,
pobreza,
me seguiste,
me mirabas
a través
de las tablas podridas
por el profundo invierno.
De pronto
eran tus ojos
los que miraban desde los agujeros.
Las goteras,
de noche, repetían
tu nombre y tu apellido
o a veces
el salto quebrado, el traje roto,
los zapatos abiertos,
me advertían.
Allí estabas
acechándome
tus dientes de carcoma,
tus ojos de pantano,
tu lengua gris
que corta
la ropa, la madera,
los huesos y la sangre,
allí estabas
buscándome,
siguiéndome,
desde mi nacimiento
por las calles.

Cuando alquilé una pieza
pequeña, en los suburbios,
sentada en una silla
me esperabas,
o al descorrer las sábanas
en un hotel oscuro,
adolescente,
no encontré la fragancia
de la rosa desnuda,
sino el silbido frío
de tu boca.
Pobreza,
me seguiste
por los cuarteles y los hospitales,
por la paz y la guerra.
Cuando enfermé tocaron
a la puerta:
no era el doctor, entraba
otra vez la pobreza.
Te vi sacar mis muebles
a la calle:
los hombres
los dejaban caer como pedradas.
Tú, con amor horrible,
de un montón de abandono
en medio de la calle y de la lluvia
ibas haciendo
un trono desdentado
y mirando a los pobres
recogías
mi último plato haciéndolo diadema.
Ahora,
pobreza,
yo te sigo.
Como fuiste implacable,
soy implacable.
Junto
a cada pobre
me encontrarás cantando,
bajo
cada sábana
de hospital imposible
encontrarás mi canto.
Te sigo,
pobreza,
te vigilo,
te acerco,
te disparo,
te aislo,
te cerceno las uñas,
te rompo
los dientes que te quedan.
Estoy
en todas partes:
en el océano con los pescadores,
en la mina
los hombres
al limpiarse la frente,
secarse el sudor negro,
encuentran
mis poemas.
Yo salgo cada día
con la obrera textil.
Tengo las manos blancas
de dar pan en las panaderías.
Donde vayas,
pobreza,
mi canto
está cantando,
mi vida
está viviendo,
mi sangre
está luchando.
Derrotaré
tus pálidas banderas
en donde se levanten.
Otros poetas
antaño te llamaron
santa,
veneraron tu capa,
se alimentaron de humo
y desaparecieron.
Yo te desafío,
con duros versos te golpeo el rostro,
te embarco y te destierro.
Yo con otros,
con otros, muchos otros,
te vamos expulsando
de la tierra a la luna
para que allí te quedes
fría y encarcelada
mirando con un ojo
el pan y los racimos
que cubrirá la tierra
de mañana.

flores